Caso práctico de facturas rectificativas

3 feb

Las facturas rectificativas pueden ser un buen instrumento para deducir el IVA de algunos gastos que en su momento no habíamos considerado como habituales pero que tras un cierto periodo de tiempo llegaron a cantidades importantes por las que vale la pena reclamar.

Este tipo de facturas nos servirá tanto para las que hayamos presentado en su formato completo o simplificado, y habitualmente para modificar un error en el que hayamos incurrido o para complementar una información que se nos pasó por alto en la original”

Para detalles más específicos del proceso y requisitos de recuperación del IVA podemos encontrar portales que ofrecen guías paso a paso gratuitas sobre cómo deducir el IVA correctamente y presentar facturas rectificativas.

Repasemos algunas situaciones habituales que no procedan de un error en la factura original y que pueden afectar a nuestra empresa y por las que valga la pena plantearse la emisión de una factura rectificativa:

  1. Comidas de empresa o comerciales

Imaginemos que la negociación con un cliente se atrancó y dilató en el tiempo más de lo esperado, con el consiguiente aumento de los gastos por dietas en el restaurante donde habitualmente os reuníais para renegociar los términos del acuerdo. Inicialmente tendríamos una o dos facturas simplificadas que no se correspondían a un importe excesivamente relevante o continuado. En cambio, tras llegar a buen término las negociaciones y haciendo balance de todo el proceso nos damos cuenta de que hemos acumulado muchas facturas en varias semanas o incluso meses. A la hora de elaborar la factura rectificativa podremos agrupar datos referentes a un mismo proveedor como es el caso de hasta 4 años de antigüedad. En dicha factura rectificativa deberemos detallar todos los conceptos que aplicamos, eso sí, con el tipo de IVA vigente en el momento de expedición.

  1. Viajes de empresa

En el caso de que los gastos de viaje asciendan a números importantes, tal vez también sería un buen momento para plantear la emisión de una factura rectificativa que los reorganice y agrupe. De este modo podremos deducir el IVA aplicado a todas ellas, que oscilará entre un 10% y un 21% seguramente en función del origen.

En este ejemplo, debemos tener en consideración las políticas de gastos de viaje de la propia empresa, pues no todos los gastos son deducibles. Los justificantes deben estar en buenas condiciones físicas y de interpretación. Es decir, desestimaremos todos aquellos que, por el tipo de tinta, de impresión o formato de presentación, hayan dejado los datos ilegibles; o bien aquellos que presenten cortes o imperfecciones puesto que no serán aceptados posteriormente.

Es en casos relativamente habituales como estos donde puede ser muy interesante agrupar todos estos justificantes y ejecutar una factura rectificativa de forma que podamos deducir el IVA asociado a los tiques que generamos en su momento y así recuperar una parte que puede llegar a ser cuantiosa para según qué empresa y volúmenes de datos que presente.

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